Empiezo haciendo una imprescindible puntualización, al
utilizar la palabra "amor" me refiero, por si cabe alguna duda, a
amor romántico de pareja.
Ahora sí, empezamos:
1. Tatuarse.
Si por mí fuera, la lista acabaría aquí pues el resto de
cosas que normalmente se proclama que se hacen por amor, algunas de las cuales
procederé a enumerar en un momentín, son más o menos reversibles, y hasta
divertidas.
Pero tatuarse por amor es un gran error. Eso de que la
técnica láser de borrado de tinta en la piel
ha avanzado muchísimo es una cochina mentira. El proceso es largo,
doloroso, y costoso. Para eso, mejor casarse y divorciarse. Con suerte –y con
un buen abogado- podrás quedarte con la casa, con el coche, y con una digna
pensión.
Como dejar así el post de hoy es un poco pobre, voy a lanzar
un poco más de morralla innecesaria al ciberespacio:
2. Casarse.
Me podéis llamar hereje, insensible, gentuza, o lo que
queráis, pero eso de firmar un contrato para darle validez oficial y social a
mi relación de pareja me parece una de las cosas menos románticas del mundo.
Puedo entender que uno se case por dinero, por tradición, por creencias, por la
fiesta… pero por amor, no. Además, por encima del concepto de matrimonio planea
la idea de eternidad y, sinceramente, yo sólo soy capaz de asociar la eternidad
a la muerte. Por lo tanto, practicando el juego de equivalencias que tanto me
gusta, el matrimonio se me tiñe de pronto de un cierto tono funestamente
fúnebre y macabro.
Aún así, es una de esas cosas que jamás censuraría,
fundamentalmente porque es reversible. -Todo sea dicho, hay muy pocas cosas que
censuraría en esta vida, soy de la teoría de que mientras lo que hagas no
interfiera en las vidas de otros ni cause un grave perjuicio a terceros y/o a
la sociedad en general… haz lo que te salga del toto (escribir coño me parece
ciertamente soez)-.
3. Tener hijos.
Una vez más podéis
llamarme ser vil, cruel, o sin corazón, pero no nos engañemos, los hijos no se
tienen por amor a tu pareja, se tienen por amor a uno mismo. Ya no me vale la
explicación de la obligación para con la especie y las teorías perpetualistas
de la raza humana; 7.000 millones de seres humanos avalan mi rechazo. Eso de
tener hijos es, señoras y señores, puro ego. ¿O hay acaso una forma más
perfecta de expresar nuestro egocentrismo que dar vida a un o a una mini tú
para formar y moldear (con mayor o menor éxito) a tu imagen y semejanza, y al
que traspasarle tus valores y tu visión del mundo?
Esto que acabo de exponer no le quita ni un gramo de
legitimidad a la decisión de tener descendencia. De hecho, tener hijos –valga
la vulgaridad de la expresión- mola bastante. En primer lugar, te someten a un
proceso de rejuvenecimiento continuo, especialmente útil para las mujeres de
mediana edad durante los años de adolescencia de los chavales pues te obligan a
estar a la última en todo y, aunque sea de una forma indirecta, es un poco como
volver a los 15. En segundo lugar, y aunque la explotación infantil en teoría
está proscrita de las sociedades desarrolladas, si te sale un niño siempre
puedes enchufarle una raqueta desde los tres años y convencerle de que el
tennis es súper divertido. Con un poco de suerte te sale un Nadal y a vivir de
las rentas (la raqueta se puede sustituir por un balón de fútbol, unos palos de
golf, una moto, o lo que veas que al muchacho se le da más o menos bien, no te
preocupes que con horas, y horas, y horas, de entrenamientos, y litros, y
litros, y litros de sangre al final se convertirá en un deportista de élite y
tú podrás vivir de tu duro, durísimo trabajo de manager).
Si te sale niña tienes dos opciones, o la pones a bailar
ballet hasta que se le desgasten las uñas de los pies (también nos sirve la
gimnasia rítmica) o, si te sale medio mona, la apuntas a una de esas agencias
de niños de fotos de El Corte Inglés (nunca más tarde de los cuatro años), y de
casting a casting y tiro porque me toca que lo mismo te sale una Marisol -o una
Dakota Fanning, así como por cosmopolitizarnos- y puedes vivir de tu
exitosísima carrera como representante (esto en realidad también puedes hacerlo
en caso de que te salga un varón, mira a Joselito, o al niño del sexto sentido).
Por último no hay que descartar la vertiente musical. El
modus operandi es el mismo; horas y horas de práctica y de lavamiento cerebril
de manera que el pimpollo se convenza de que le apasiona su instrumento.
En definitiva, que si pones a un chaval 14 horas al día a
practicar un deporte, a bailar, a hacerse fotos o salir en series de TV, o a
tocar un instrumento, es legítimo, pues lo haces por convertir su tiempo de
ocio en algo productivo que favorezca su desarrollo como ser humano sano y con
objetivos válidos en la vida (vamos, que sólo te van a acusar de explotación si
lo mandas a la mina a sacar carbón).
4. Cortarse el pelo.
Generalmente los cambios de imagen se hacen después de una
ruptura, pero bueno, vamos a aceptar barco como animal acuático y a incluir también
en esta lista cosas que no se deben hacer por (des)amor.
En el trayecto a la peluquería, y mientras te lo estén
cortando, resonará una y otra vez en tu cabeza una voz diciendo “el pelo
crece”. Nada hay más cierto, pero se te olvida un pequeño detalle, crece
DESPACIO. Pasarán años hasta que vuelvas a tener esa melena, así que mejor
pensárselo dos veces. Sea como fuere he de decir que cortarse el pelo es un
ejercicio de lo más liberador, que potencia de manera increíble la capacidad
de reinvención y de empezar de cero, y hasta puede quedar bien (si queda bien,
queda muy bien). Eso sí, no te hagas un corte radical a los cuarenta, por
favor. Hay determinadas cosas que tienen sus épocas y edades permitidas, ésta
es una de ellas.
5. Dejarlo todo.
Dejarlo todo por amor es excitante,
apasionado, y probablemente te aporte grandes satisfacciones. Pero cuidado, no
hagas el típico "ahí os quedáis pringaos". Mantén tus amistades y
cuida a la familia para que cuando vuelvas -porque volverás, créeme- puedas
hacerlo con la cabeza alta y sin pasar por el amargo trago de pedir disculpas y
aguantar los reiterados y molestísimos "te lo dije".
Recapitulando: en el fondo lo único que uno no debe hacer
por amor es tatuarse. Todo lo demás, incluido escribir empalagosos poemas
epistolares (con o sin perfumar), mantener eternas y ridículas conversaciones
telefónicas de esas que desgastan el pabellón auditivo y la cuenta bancaria,
pasar por la vicaría, tener descendencia, practicar sexo a todas horas y en cualquier lugar, hacer regalos
obscenamente caros, irse, volver, llorar amarga y desconsoladamente... No sólo
se puede, sino que se debe hacer. Si no, que alguien me explique para qué carajo
estamos aquí.
Dicen que la primavera la sangre altera, y es que
efectivamente es la época idónea para renovarse, para permitirse vivir momentos
intensamente alocados, y para dejar salir de forma creativa la energía
acumulada durante el largo y duro invierno. Así que, muchachería: ¡a alterarse
la sangre a lo loco! –y, cómo no, ¡SUERTE!-.
Que no hacer por amor??? Dejar de vivir a lo loco, como si no fuera verdad eso de que la vida son dos días!!!
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