martes, 8 de mayo de 2012

Sórdida abstinencia



Siempre he dicho que mi palabra favorita del castellano es sórdido. No importa que uno no conozca su exacto significado, pero su esencia un tanto oscura, un tanto fuera de las normas, un tanto sexual y un tanto nociva está innegablemente impregnada en el subconsciente colectivo. Ya si acudimos a la Real Academia Española de la lengua encontramos una definición de lo más adecuada, que hace que mi favoritismo por esta palabra alcance un nivel superior: "Impuro, indecente y escandaloso".

Pero, para bien o para mal, lo sórdido satura a la vez que atrae. Y esto se debe a la fastidiosa dicotomía del ser humano: naturalmente libre, instintivo e imperfecto, y socialmente represivo, reprimido, y tendente -basto aspirante diría yo- a la divinidad. Entonces, en medio de esta terrorífica disyuntiva a la que todo ser racional llega en algún momento de su existencia me da a mi por encontrar la -posible- clave hacia un cierto equilibrio entre ser animal y ser humano: vivir una vida (o un ratito) de sórdida abstinencia. 

Para fundamentar esta potencialmente absurda sentencia que acabo de hacer acudo nuevamente a La Institución de la lengua Española, y topo con la siguiente definición de abstinencia: "Virtud que consiste en privarse total o parcialmente de satisfacer los apetitos".
Por lo tanto, haciendo un juego de equivalentes semánticos, si lo sórdido es impuro, indecente y escandaloso, y la abstinencia se entiende como una virtud... La sórdida abstinencia sería entonces algo así como una indecente virtud. 

Continúo poniendo un ejemplo de lo más carnal, para que nos entendamos. Un período de abstinencia sexual puede parecer improductivo, frustrante, y absurdo, pues es privarse de nuestra más baja, intuitiva e instintiva pasión. Pero tiene su recompensa: aquel capaz de contener sus impulsos sexuales durante un tiempo prudente disfrutará, en el momento de soltarlos, de un éxtasis sensorial realmente gratificante. Una piel que no ha sido tocada durante un tiempo por otro ser reacciona al más leve roce con el 100% de su atención. Speaking in silver, si quieres tener una experiencia sexual excepcional -con su correspondiente orgasmo, obvio-, y te importa más bien poco eso de hacer equipo en el sexo -todos hemos sufrido la innecesaria amenaza de "hasta que no te vayas tú yo no me voy"-, practica la abstinencia sexual temporal, y experimenta su posterior explosión hedonista.

Esto de la sórdida abstinencia se puede extrapolar al resto de placeres carnales. Pongo dos ejemplos tontos: el alcohol (¿hace cuánto que no disfrutas de una buena copa, y cuántas te hacen falta para llegar a un estado de embriaguez más o menos divertido?), y la comida (si eres carnívoro; abstente de comer carne roja un tiempo, ya verás que pasa cuando te lleves un buen pedazo de vaca tierna a la boca. Si eres dulcero, haz lo propio con los productos azucarados). Y un largo etcétera, tan largo como seres humanos hay en el planeta. Porque sí, el mundo está poblado por muchos millones de personas y cada persona es un mundo, es decir, cada uno de nosotros tenemos nuestros propios vicios y placeres más o menos ocultos. Pero, amigos, amigas, he ahí el -posible- equilibrio y la -posible- clave para disfrutar de la vida: privarse temporalmente de satisfacer los apetitos propios para convertir esos apetitos, llegado el momento, en auténticos manjares.

No convirtamos en rutinas lo que deben ser momentos únicos. Hagamos de la indecencia una virtud.

Eso sí, cuando se aprende a disfrutar de cada momento como si fuese el último, evidentemente, ¡a tomar por culo la abstinencia!.

En fin, quidquid latine dictum sit, altum videtur así que: memento mori, tempus fugit, carpe diem, carpe noctem, in vino veritas, y demás latinismos eruditianos gratuitos (estos dos últimos, mis favoritos), de esos que siempre colamos cuando tratamos los intemporales temas del paso del tiempo, el por qué de la existencia, la inevitabilidad de la muerte, y la obligación moral de aprovechar el tiempito que estemos aquí, y, para qué engañarnos, explotados todos ellos con el fin de hacernos los interesantes y de revestir de una cierta intelectualidad, o simplemente darle caché, finura y elegancia, a lo que estamos diciendo. 

*** Nota aclaratoria *** Si te gustan las artes, y aunque no te gusten, empápate sin medida. Si tienes a quién amar, ama como si no hubiese un mañana. Si te gusta viajar, y te lo puedes permitir, vete a dar la vuelta al mundo ya. Se trata de hacer pasar un poco de hambre a las carnes, nunca al alma.

Y, por supuesto: Muchachería, ¡suerte infinita!

lunes, 26 de marzo de 2012

Cosas que NO hacer por amor


Empiezo haciendo una imprescindible puntualización, al utilizar la palabra "amor" me refiero, por si cabe alguna duda, a amor romántico de pareja.

Ahora sí, empezamos:

1. Tatuarse.

Si por mí fuera, la lista acabaría aquí pues el resto de cosas que normalmente se proclama que se hacen por amor, algunas de las cuales procederé a enumerar en un momentín, son más o menos reversibles, y hasta divertidas.

Pero tatuarse por amor es un gran error. Eso de que la técnica láser de borrado de tinta en la piel  ha avanzado muchísimo es una cochina mentira. El proceso es largo, doloroso, y costoso. Para eso, mejor casarse y divorciarse. Con suerte –y con un buen abogado- podrás quedarte con la casa, con el coche, y con una digna pensión.

Como dejar así el post de hoy es un poco pobre, voy a lanzar un poco más de morralla innecesaria al ciberespacio:

2. Casarse.

Me podéis llamar hereje, insensible, gentuza, o lo que queráis, pero eso de firmar un contrato para darle validez oficial y social a mi relación de pareja me parece una de las cosas menos románticas del mundo. Puedo entender que uno se case por dinero, por tradición, por creencias, por la fiesta… pero por amor, no. Además, por encima del concepto de matrimonio planea la idea de eternidad y, sinceramente, yo sólo soy capaz de asociar la eternidad a la muerte. Por lo tanto, practicando el juego de equivalencias que tanto me gusta, el matrimonio se me tiñe de pronto de un cierto tono funestamente fúnebre y macabro.

Aún así, es una de esas cosas que jamás censuraría, fundamentalmente porque es reversible. -Todo sea dicho, hay muy pocas cosas que censuraría en esta vida, soy de la teoría de que mientras lo que hagas no interfiera en las vidas de otros ni cause un grave perjuicio a terceros y/o a la sociedad en general… haz lo que te salga del toto (escribir coño me parece ciertamente soez)-.

3. Tener hijos.

 Una vez más podéis llamarme ser vil, cruel, o sin corazón, pero no nos engañemos, los hijos no se tienen por amor a tu pareja, se tienen por amor a uno mismo. Ya no me vale la explicación de la obligación para con la especie y las teorías perpetualistas de la raza humana; 7.000 millones de seres humanos avalan mi rechazo. Eso de tener hijos es, señoras y señores, puro ego. ¿O hay acaso una forma más perfecta de expresar nuestro egocentrismo que dar vida a un o a una mini tú para formar y moldear (con mayor o menor éxito) a tu imagen y semejanza, y al que traspasarle tus valores y tu visión del mundo?

Esto que acabo de exponer no le quita ni un gramo de legitimidad a la decisión de tener descendencia. De hecho, tener hijos –valga la vulgaridad de la expresión- mola bastante. En primer lugar, te someten a un proceso de rejuvenecimiento continuo, especialmente útil para las mujeres de mediana edad durante los años de adolescencia de los chavales pues te obligan a estar a la última en todo y, aunque sea de una forma indirecta, es un poco como volver a los 15. En segundo lugar, y aunque la explotación infantil en teoría está proscrita de las sociedades desarrolladas, si te sale un niño siempre puedes enchufarle una raqueta desde los tres años y convencerle de que el tennis es súper divertido. Con un poco de suerte te sale un Nadal y a vivir de las rentas (la raqueta se puede sustituir por un balón de fútbol, unos palos de golf, una moto, o lo que veas que al muchacho se le da más o menos bien, no te preocupes que con horas, y horas, y horas, de entrenamientos, y litros, y litros, y litros de sangre al final se convertirá en un deportista de élite y tú podrás vivir de tu duro, durísimo trabajo de manager).

Si te sale niña tienes dos opciones, o la pones a bailar ballet hasta que se le desgasten las uñas de los pies (también nos sirve la gimnasia rítmica) o, si te sale medio mona, la apuntas a una de esas agencias de niños de fotos de El Corte Inglés (nunca más tarde de los cuatro años), y de casting a casting y tiro porque me toca que lo mismo te sale una Marisol -o una Dakota Fanning, así como por cosmopolitizarnos- y puedes vivir de tu exitosísima carrera como representante (esto en realidad también puedes hacerlo en caso de que te salga un varón, mira a Joselito, o al niño del sexto sentido).

Por último no hay que descartar la vertiente musical. El modus operandi es el mismo; horas y horas de práctica y de lavamiento cerebril de manera que el pimpollo se convenza de que le apasiona su instrumento.

En definitiva, que si pones a un chaval 14 horas al día a practicar un deporte, a bailar, a hacerse fotos o salir en series de TV, o a tocar un instrumento, es legítimo, pues lo haces por convertir su tiempo de ocio en algo productivo que favorezca su desarrollo como ser humano sano y con objetivos válidos en la vida (vamos, que sólo te van a acusar de explotación si lo mandas a la mina a sacar carbón).

4. Cortarse el pelo.

Generalmente los cambios de imagen se hacen después de una ruptura, pero bueno, vamos a aceptar barco como animal acuático y a incluir también en esta lista cosas que no se deben hacer por (des)amor.

En el trayecto a la peluquería, y mientras te lo estén cortando, resonará una y otra vez en tu cabeza una voz diciendo “el pelo crece”. Nada hay más cierto, pero se te olvida un pequeño detalle, crece DESPACIO. Pasarán años hasta que vuelvas a tener esa melena, así que mejor pensárselo dos veces. Sea como fuere he de decir que cortarse el pelo es un ejercicio de lo más liberador, que potencia de manera increíble la capacidad de reinvención y de empezar de cero, y hasta puede quedar bien (si queda bien, queda muy bien). Eso sí, no te hagas un corte radical a los cuarenta, por favor. Hay determinadas cosas que tienen sus épocas y edades permitidas, ésta es una de ellas.

5. Dejarlo todo.

Dejarlo todo por amor es excitante, apasionado, y probablemente te aporte grandes satisfacciones. Pero cuidado, no hagas el típico "ahí os quedáis pringaos". Mantén tus amistades y cuida a la familia para que cuando vuelvas -porque volverás, créeme- puedas hacerlo con la cabeza alta y sin pasar por el amargo trago de pedir disculpas y aguantar los reiterados y molestísimos "te lo dije".

Recapitulando: en el fondo lo único que uno no debe hacer por amor es tatuarse. Todo lo demás, incluido escribir empalagosos poemas epistolares (con o sin perfumar), mantener eternas y ridículas conversaciones telefónicas de esas que desgastan el pabellón auditivo y la cuenta bancaria, pasar por la vicaría, tener descendencia, practicar sexo a todas horas  y en cualquier lugar, hacer regalos obscenamente caros, irse, volver, llorar amarga y desconsoladamente... No sólo se puede, sino que se debe hacer. Si no, que alguien me explique para qué carajo estamos aquí.

Dicen que la primavera la sangre altera, y es que efectivamente es la época idónea para renovarse, para permitirse vivir momentos intensamente alocados, y para dejar salir de forma creativa la energía acumulada durante el largo y duro invierno. Así que, muchachería: ¡a alterarse la sangre a lo loco! –y, cómo no, ¡SUERTE!-.




martes, 20 de marzo de 2012

De capullos muertos



Hay que ver cómo nos gusta que nos regalen flores (a no ser que sean para decorar nuestro lustroso ataúd, en cuyo caso ya no nos gusta tanto). Y es que siempre hace ilusión que llegue un ramo bien completito a casa, ya sea de un progenitor o progenitora, de un amigo o amiga, del padrino o de la madrina de turno… Pero si nos lo regala un novio o un amante, soltar una sonrisa estúpida es egocéntricamente inevitable. Ya si lo regalan ambos más que una sonrisa lo que es inevitable es soltar una carcajada mayúscula - ¡Ay, ese ego!-. A no ser que vivas con tu novio, en cuyo caso tampoco gusta tanto recibir flores a gogó: es muy pesado inventarse una historieta de por qué un tal Fulano te regala un ramo de rosas mucho más caro que el de tu novio, y por qué el mensaje de la tarjeta no tiene ningún sentido lógico (evidentemente tendrás un lenguaje en clave con tu amante de forma que mientras que tu novio lee "Hoy el sol calienta tela" en realidad lo que el mensaje dice es "Cuando te pille te voy a meter de todo menos miedo"). Por cierto, no se me escapa la evidencia de que si te encuentras en esta situación te has pasado por el forro uno de los grandes "NO" cuernófilos: tu amante JAMÁS debe conocer tu dirección.

Y en estas me da a mí por reflexionar; las flores son el órgano reproductor de las plantas, por lo tanto, aquel que regala flores no está sino regalando, por traer a colación un equivalente de lo más visual que son los que realmente calan hondo, vaginas. Más o menos bonitas, más o menos perfumadas, pero vaginas al fin y al cabo. Y a no ser que frecuentes Chueca sin parar -o el armario de tu casa-, dudo que te haga especial ilusión que te regalen un puñado de vaginas (amputadas, para más inri).

Como esta ridícula y sórdidamente macabra reflexión me sabe a poco, doy un paso más y me pregunto: ¿a quién le pareció buena idea regalar órganos reproductores muertos para demostrar cariño, afecto o amor? Así, haciendo un poco de trabajo de investigación he descubierto lo que suele descubrirse en estos casos: que no hay una puñetera única versión sobre el origen de la puñetera costumbre de regalar puñeteras flores. Y como no me he pegado la panzada a leer historietas en balde, siento informaros de que os vais a fumar un breve resumen (a quien se la traiga al pairo que pase por alto el párrafo siguiente).

Lo que me ha quedado más o menos claro es que la idea de utilizar flores para expresar sentimientos viene de Oriente Medio, y allá por el siglo XVIII la escritora Lady Mary Wortley Montagu escribió durante su estancia al calor turco con su marido, embajador británico en Estambul,  varias cartas a sus compatriotas describiendo al milímetro las costumbres, olores, colores y sabores de su nuevo país de acogida ("Cartas desde Estambul", para quien quiera echarle un ojo). En algunas de esas cartas se incluyen informaciones varias sobre los distintos tipos de flores que se va encontrando, otorgándoles sus correspondientes significados. La moda del lenguaje de las flores corrió como la pólvora en la Europa del Romanticismo, especialmente en Francia, de manera que en una época en la que la sociedad se regía por rígidos patrones y normas de comportamiento se encontró en las flores un canal fino y elegante para decir barrabasadas con sutileza. Por ejemplo, el acónito venía a significar algo así como "a ver si te mueres de una vez", y las mujeres ligeritas de cascos ponían un buen ramito en la puerta de casa cuando el marido estaba en el hogar como señal para advertir al amante del peligro, y dejarle bien claro que ese día no tocaba retoce adúltero.


Flor del acónito

En fin, después de esta píldorita de historia de las flores absolutamente prescindible y gratuita, y de discutible fidelidad a la realidad histórica, sigo con lo mío: desde mi nada humilde punto de vista, eso de que regalar cosas en descomposición es un gesto romántico es otra gran mentira del marketing. Yo particularmente soy más de alhajas, y si su precio ronda las cuatro cifras, mejor. Y a aquel o a aquella que me llame materialista yo le digo; Sí, tan materialista como cualquier persona nacida en occidente, en el s. XX, y a la que le guste ducharse -por lo que eso de ser hippie queda totalmente descartado-. Y aquel o aquella que encaje con la descripción arriba expuesta y niegue la mayor es, sencillamente, un cínico o una cínica.

Para finalizar, si el remitente de las vaginas muertas es un novio u amante y no es tu cumpleaños, ni San Valentín, ni tu santo u otra fecha señalada, ni ha de felicitarte por un logro u éxito significativo, es decir, si te las regala porque sí: SOSPECHA, que algo habrá hecho.

Muchachería, ¡Suerte!

P.D. Ahora que has aguantado mi perolata anti-romanticismo floral ya puedes soltar ese "Pues a mí me gusta que me regalen flores" que lleva desde el segundo párrafo en la punta de tu lengua. Y, para qué nos vamos a engañar, he de reconocer que en el fondo a mí un poquito también.


lunes, 12 de marzo de 2012

Cómo cazar churri y que tu ego no muera en el intento



Ser mujer es una putada, punto. El 90% del tiempo somos, hablando mal y pronto, un coñazo insufrible (hay estudios que afirman que esto es así el 99,9% del tiempo). Padecemos de una intensidad y de una complejidad emocional absolutamente prescindibles e inútilmente agotadoras, para con nosotras mismas y, obviamente, para con los demás. Estamos diseñadas genéticamente para traer retoños y perpetuar la especie, y por muy modernosas, independientes y siglo veintiuneras que seamos, en determinadas ocasiones los ovarios y las hormonas toman el control de nuestro ser y, si dejamos que se manifiesten, nos pueden llevar a hacer mucho el ridículo y a poner en grave peligro de irreversible humillación a nuestro pobre ego.

Imagínate que conoces un día a un tipo que te gusta. Tonteáis, supón que hasta os besáis (si te gusta, NUNCA, JAMÁS DE LOS JAMASES SE FOLLA ESA NOCHE). Después del tonteo y de los besos, si los hay, intercambiáis teléfonos. Pues bien: NUNCA, JAMÁS DE LOS JAMASES ESCRIBAS O LLAMES TÚ PRIMERO. Amiga, eso de la seducción y el ligoteo es un juego de estrategia como pocos, no enseñes las cartas: jamás se muestra un interés explícito hacia el contrario. A los tíos les pone conquistar, y seducir: igual que tú estás programada genéticamente para llevar un alien en tu vientre durante nueve meses, ellos lo están para buscarte y hacerte un alien. Espera a que te llame él, y si no te llama no te hagas películas, no se está haciendo el duro, ni es inseguro, ni está muy liado, no, sencillamente NO LE GUSTAS. Acepta la derrota y a otra cosa, no pierdas el tiempo.

Vamos a suponer que te llama. Bien, tiene suficientes ganas de follarte como para estar dispuesto a pagar una cena y a aguantar un par de horas de escuchar tu vida que, en ese momento de la suya te puedo asegurar que le importa una mierda. Puedes parecerle más o menos divertida, más o menos interesante, más o menos inteligente... pero no te equivoques; si te ha llamado, si estáis compartiendo esa tarta de queso, es única y exclusivamente porque quiere ponerte de verano (por no decir algo un poquito más explícito y mucho menos fino como, por ejemplo, que quiere meterse en tus bragas). Es importante no mostrarse excesivamente accesible, ni ridículamente inaccesible. Por ejemplo, si te plantea quedar a cenar el jueves, tú no estarás libre hasta el domingo.

Durante la cena habláis de muchas cosas, entre otras de ex novios y de ex novias, y de sexo. Pues bien, ya seas virgen, o seas de las que le da lo mismo chocho que ochenta, de cara a un candidato tú sólo te habrás acostado con uno (tu novio de toda la vida, por supuesto). Si ves al muchacho así como amplio de miras, entonces podrás contar que a parte de tu novio de toda la vida te acostaste con uno más, uno con el que estuviste meses saliendo pero que al final la cosa no funcionó. Los hombres no quieren a una mojigata como novia, pero mucho menos a una tía que les sepa hacer el helicóptero o que se la chupe mirándoles a los ojos.

Mantén las bragas puestas: después de la cena, NO SE FOLLA. Dejando de lado el poco práctico punto de vista femenino te lo explico para que lo entiendas: los hombres por lo general quieren de novia a una tipa, hablando en plata, poco puta. Es decir, una tía a la que le cueste meterse en la cama con alguien. Por norma general el género masculino lleva bastante regulero eso de que su mujer sea penetrada por otro (qué tontería). Y desgraciadamente, la decencia y la respetabilidad de la mujer en el mundo occidental (especialmente en España) van muy de la mano de sus hábitos sexuales. Se que acabo de abonar bien el terreno para abrir un profundo, apasionado, y encarnizado debate sobre la igualdad entre mujeres y hombres y sobre los valores morales (mejor dicho, doble moral) imperantes en la sociedad española, herencia clara y directa de épocas pasadas con tufo a rancio, a dictadura, y a cinismo... Pero paso.

En fin, si la cosa fluye y seguís quedando, el primer polvo conviene echarlo a partir de la quinta cita y el tema de esperar a que sea él quien llame o escriba, yo lo mantendría al menos durante el primer mes. Soy consciente de que esto es fácil de escribir, pero no tanto de hacer. Entiendo que una no es de piedra. Eso sí, folléis cuando folléis te pido prudencia, por favor. Muchas mujeres tienden a confundirse y a experimentar una especie de enajenación mental postcoital que les hace creer que se han enamorado profundamente del cuasi desconocido sudoroso al que están abrazadas cual koalas. No debemos olvidar que esto es transitorio, y que apenas conoces a la marmota que tienes entre tus brazos por lo que toda esa intensidad de sentimientos que tu crees que es amor no es real. Si quieres evitar que te pongan un bozal (esto puede ser literal, es decir, que te tapen la boca con lo primero que tengan a mano, o que te la tapen con un "pero cómo voy a estar yo también enamorado de ti, si no te conozco, jodía loca?!"), y ser el objeto de las más crueles bromas de tus amigas, NO TE DECLARES JAMÁS DE LOS JAMASES. Esto que en frío te parece clarísimo, te puedo asegurar que en caliente no se ve tan claro; he visto casos de mujeres brillantes que casi se quedan sin ego y sin autoestima, y sin amigas, y sin trabajo, y sin familia (giro dramático) por culpa de la enajenación mental postcoital.

Por último, si el tipo en cuestión te llama para verte pasadas las doce de la noche, abandona y búscate a otro porque este claramente considera que eres un poco golfa y, como decía mi madre: "sinceramente, para ser puta y no cobrar, mejor ser honrada" (y, yo añado, hacerse respetar).

Muchachas ¡Suerte!

lunes, 5 de marzo de 2012

De amor, química, y música.



Siempre que sale en una conversación el recurrente y socorrido tema de los cuernos y desengaños amorosos varios escucho de una mayoría femenina el mismo discurso: “Sí, sé que la gente pone cuernos, los he visto bien de cerca en amigas y amigos, hermanas y hermanos, primas y primos, madres y padres… pero yo quiero creer que a mí no me los ponen, y te puedo asegurar que yo no los pongo. Si estoy con alguien, creo en que nos amamos y nos respetamos y punto”.

Cuando oigo estas cosas no puedo evitar pensar que es un poco como decir “si, sé que Papá Noel no existe, pero yo quiero creer en que los regalos que aparecen bajo mi árbol el 25 de diciembre han sido traídos con mucho esmero y cariño por un señor gordo y con barba desde el Polo Norte”.

Y es que es verdad, qué carajo, cuando tratamos una emoción que se apodera de todos los sentidos, la racionalidad y el pragmatismo son ciertamente poco racionales y prácticos. Aunque, como aquí estamos para pinchar globos a lo loco, siento informaros de que el amor poco tiene que ver con los astros y el destino, más bien es fruto de una serie de procesos químicos, hormonales, y biológicos que se desencadenan en el cerebro y se extienden al resto de nuestra anatomía. Por lo tanto, esa idea de que todos tenemos UNA media naranja, estamos destinados a UNA sola persona, tenemos UN solo amor en la vida es, queridas mías, otra gran mentira del marketing. Hay miles de individuos ahí fuera que cumplen con las pautas anatómicas, sociales y culturales necesarias para provocar la explosión cerebral que comúnmente llamamos "amor". Mi consejo; a catar como si no hubiese un mañana.

De paso os animo a ver un documental muy interesantoso, “La química del amor”, en el que se explica en más profundidad cómo se produce este cóctel de amor explosivo. Viendo el documental inevitablemente se me ocurre una fantasiosa idea futurista: igual que existen antidepresivos y píldoras varias para casi todo... ¿Inventarán algún día una pastillita que regule nuestros niveles hormonales y que ayude a controlar, o a mitigar, la locura amorosa, algo así como una pirula contra el amor?.



De todas formas, no culpo en absoluto a esas voces que se alzan en defensa del amor y de la fidelidad. La historia de la humanidad está repleta de historias de amor contra viento y marea, desde Cleopatra y Marco Antonio y, por su puesto, su versión renovada y no menos apasionada tanto dentro como fuera de la pantalla con Elisabeth Taylor y Richard Burton como protagonistas, pasando por Shakespeare y su Romeo y Julieta, y ya en nuestros días... ¡Rihanna y Chris Brown!. Estos últimos incluyen en el repertorio zurramientos de badana, escarnios públicos, temazos despechados,  y una reconciliación que ha desembocado en las correspondientes colaboraciones musicales (birthday cake y turn up the music) que, como era de esperar, en nada se acercan a los temas escritos desde el rencor y el odio. Y es que, de toda la vida de Dios, los sentimientos más propicios para crear grandes obras de arte han sido el dolor generado por una trágica pérdida, la rabia, el despecho, y en definitiva cualquier otro que saque la negrura más oscura del alma. 

A todo esto, vamos a obviar el hecho de que todas estas historias terminaron como el rosario de la aurora -arriba la demagogia y la manipulación informativa-.

Sea como fuere, gracias al amor grandes músicos –y no tan grandes; aprovecho para lanzar un mensaje, MANÁ OS PODÉIS RETIRAR DE UNA PUTA VEZ- nos han dejado grandes canciones. Canciones que si a una se las dedican hasta le palpita levemente el corazón.

Ahí va una pequeña playlist de canciones de amor de esas que no nos molestaría que nos dedicasen

1. Girl you’ll be a woman soon (Urge Overkill).

Como guiño Tarantinófilo no cuelgo la canción original de Neil Diamond, sino la versión de Urge Overkill, aquella que bailaba una espectacular Uma Thurman en la brillantemente sórdida Pulp Fiction, justo antes de meterse una mala raya, sufrir una sobredosis y terminar apuñalada en el corazón con una jeringa por un enorme - en todos los sentidos- John Travolta.

Pero quedémonos con el rollo romántico: por lo menos cinco días al mes sí que nos gusta un poquito que nos digan que aún somos unas niñas, que cuando nos hagamos mujeres necesitaremos a un buen hombre que nos ame y nos cuide, y que tenemos a un candidato dispuesto a remover cielo y tierra por conseguirlo (pasemos por alto el aroma a pederastia que flota en la canción, por aquello de no pinchar más globos por hoy).


2. I was made for loving you (Kiss)

¿Cómo resistirse a ese riff de guitarra, y, aunque contradiga mi teoría arriba expuesta, a ese "I was made for loving you baby, you were made for loving me. I can't get enough of you, baby"?


3. Crazy Little thing called love (Queen)

Sólo una cosa superaría que te dediquen un tema de amor rockandrollero interpretado por Elvis; que te dediquen un tema de Elvis rockandrollero amoroso reinventado por Freddy Mercury. "There goes my baby, she knows how to rock and roll. She drives me crazy, she gives me hot and cold fever.". Ojo al vídeo, no tiene desperdicio.


4. Friday I'm in love (The cure)

¡Qué todos los días sean viernes!


5. Je t'aime moi non plus (Serge Gainsbourg y Jane Birkin)

No podía no incluir en esta lista al gran exponente del hedonismo sexual, y a su Birkin. Y es que la parte más importante (y divertida) del amor es, efectivamente, la pasión, el sexo, la sensualidad, el erotismo, la seducción... Y un complemento perfecto para todos ellos son los ritmos sexys y las geniales letras repletas de dobles sentidos de monsieur Gainsbourg.




Muchachas, ¡Suerte!

domingo, 26 de febrero de 2012

Pequeña guía para reconocer a un vendehúmos (Parte I)


¿Has estado alguna vez con un tipo: feo, bajito, gordo, vago, aburrido, poco interesante, con amigos subnormales, pobre, rata o tacaño, con el pene pequeño, con el pene grande pero mal follador (no nos engañemos: el tamaño no es que importe, es FUNDAMENTAL, pero de nada me sirven 30 cm si se utilizan de martillo pilón), egoísta en la cama (que tu novio te pida que “se la chupes”, no es pasional, ni romántico, y si encima no baja más que en ocasiones especiales, o si para lo que hace ahí abajo hasta preferirías leerte un libro de Paulo Coelho –dura prueba-, la cosa ya es hasta inmoral)?.

En fin, si entre tu historial romántico figura un ex que reúna al menos tres de las características arriba mencionadas, amiga, has sido una clara víctima del marketing. Durante un tiempo de tu vida más o menos prolongado te compraste un producto de mierda como si fuese de oro, y lo peor de todo es que tú misma llegaste a creer que tu producto era el mejor del mercado: le veías guapo (o no tan feo), o manejable, o fuerte, u hogareño, o introvertido, o poco materialista, o tradicional en el sexo o… no, para lo del tamaño del pene o las embestidas conejiles no puedo encontrar excusas.

Lo positivo de todo esto es que, tarde o temprano, una entra en razón, se destapa los ojos y se da cuenta de que su realidad ha sido maquiavélicamente manipulada por un auténtico vendehúmos. Y si no es el instinto de supervivencia emocional el que te hace bajar a la tierra no te preocupes, el tipejo en cuestión te la jugará tarde o temprano de una manera lo suficientemente humillante como para que se te quite la tontería de un bofetón.

Sea como fuere, este blog ha sido creado, además de para soltar todas las chaladuras acumuladas durante años, para destapar algunas de las grandes porquerías que el marketing nos ha conseguido vender, así que ahí va una pequeña guía para reconocer a un vendehúmos:

1. Por norma general el vendehúmos es feo, por lo que no tratará de seducirte directamente (el vendehúmos no es tonto, sabe que por ahí la batalla está perdida). Muy al contrario, se hará tu amigo, y te hará creer durante un tiempo prudencial que no sois más que amigos.

2. Después de unos meses de contacto prácticamente diario, todas las cualidades del vendehúmos que te harían descartarle automáticamente de cualquier lista de posibles candidatos se desvanecen y desaparecen porque ha conseguido una cosa fundamental: tú ya no ves al vendehúmos como un candidato sexual, o parejil, es tu amigo, por lo tanto no te importa lo más mínimo que sea tacaño, o feo, o bajito… El vendehúmos ha conseguido derribar todas las barreras de insatisfacción que patológicamente construimos las mujeres cuando estamos en pareja.

3. El siguiente paso será compartir contigo un episodio traumático o profundamente íntimo de su pasado (por ejemplo que de pequeño tuvo una enfermedad que le obligó a estar todo un curso en la cama, tiempo que dedicó a leer a Neruda sin parar. O que a partir del divorcio de sus padres, -también vale una dolorosísima ruptura con una ex a la que amó sin límites- es incapaz de creer en el amor…). Con esto ha conseguido crear un vínculo entre los dos, ha elevado vuestra amistad a un plano muy superior, ahora sois tú y el vendehúmos, un equipo.

4. Una vez creada la falsa sensación de que entre el vendehúmos y tú existe una conexión cósmico galáctica universal exclusiva, aprovechará la confianza que tienes en él para echar por tierra a todos los tíos de los que le hables: eliminará a toda la competencia.

5. Te encuentras en un punto de cuasi inflexión: toda tu vida está ocupada por el vendehúmos, a estas alturas prácticamente le consultas qué marca de compresas comprar, has dejado de enrollarte con tíos (porque siempre sales con él, y por alguna extraña razón cuando está presente te da como cosa), y todo tu entorno te empieza a hacer preguntillas maliciosas (¿no te lo has tirado nunca?, ¿seguro que no te gusta?, ¿qué rollo os traéis…?). Debido a esa inercia a creer en las conexiones espirituales, en el amor eterno, y en el romanticismo que va de la mano de la imbecilidad femenina, tú te has comprado la mierda del vínculo cósmico por lo que, de pronto, no dejas de pensar en el vendehúmos e incluso fantaseas con bodorrio e hijos topo.

6. Si el instinto de supervivencia no te ha hecho huir del vendehúmos, si no has escuchado a esa vocecita interior que desde hace semanas te dice NO NO NO NO NO, estás a punto de caramelo para el estoque final. Nuestro hombre docto en marketing dará el gran paso ; una noche cualquiera, de esas de rock and roll y mucho alcohol -esa noche no te faltará alcohol, te lo aseguro-, una vez terminada la fiesta -nunca dará el paso antes de las 4 de la mañana, por lo que, si ves signos de lanzamiento antes de esa hora estarás a tiempo de salir corriendo- se las buscará para que los planetas se alineen y os quedéis a solas y es en ese momento en el que lanzará la gran ofensiva. La estrategia del ataque depende mucho del carácter del vendehúmos y de la intensidad de los lazos espiritualoides que hayáis forjado, pero lo más probable es que te suelte un discurso enumerando tus incontables virtudes y aseverando lo importante y especial que eres para él, lo que no puedo asegurarte es si este discurso lo dará antes o después del consabido beso que, si el vendehúmos ha hecho bien su trabajo, te hará un nudazo en el estómago sellando con él un funesto destino de víctima del marketing.

Por supuesto, esta no es una guía universal pues existen infinitas variedades de vendehúmos que iremos desgranando y analizando debidamente en futuras entregas y fascículos.

Muchachas, ¡Suerte!


martes, 14 de febrero de 2012

Cuernofilia


Abrimos blog el día de los enamorados para tratar un tema íntimamente relacionado con este: "LOS CUERNOS".

Y destapamos de paso una de las grandes mentiras generadas por el marketing, en este caso moral: la monogamia NO existe. 
Todos, absolutamente todos hemos puesto los cuernos alguna vez -con mayor o menor fortuna-, y a todos para bien o para mal nos los han calzado -yo me consuelo pensando que más para bien que para mal-. Y si no, al tiempo.

Y es que hay dos verdades fundamentales que van más allá de la moralidad y de las normas sociales.
La primera, la necesidad innata del hombre de procrear y fecundar al mayor número posible de mujeres de pechos turgentes, fértiles caderas, pelo largo y sedoso y labios carnosos (si te han puesto los cuernos con una tipa que no se corresponda con esta descripción definitivamente tu -espero que ex- novio es un enfermo hijoputa). 
Y la segunda, la revolución sexual iniciada a mediados del siglo pasado ha alcanzado su culmen; la mujer ya no busca un marido con dineros que le haga 100 niños y le ponga una casa con piscina porque, probablemente, y entre otras cosas, gana más que él. La mujer del siglo XXI busca un buen polvo, un tío que le quite toda la energía negativa acumulada a lo largo del día y que le haga sentir sexy y deseada. Vamos, que las mujeres somos cada día más putas (bendita libertad de expresión).

Sea como fuere, la idea del amor fiel, verdadero y apasionado sencillamente no tiene cabida en nuestra realidad, pero... cuando te enteras de que con la cornamenta que te ha caído no cabes por las puertas... ¡Hay qué ver cómo pica!. 
Y he aquí la reflexión a la que deberíamos llegar todos; ¿pica porque amamos tan intensa y puramente a nuestra pareja, de una manera tan desinteresada que no concebimos que comparta sus carnes con otro ser? ¿O lo que nos pica es el pedazo de ego que hemos ido alimentando a lo largo de los años y que nos hace preguntarnos, inevitablemente "Cómo ha podido hacerme esto a mi, si soy lo mejor que le va a pasar en la vida"?.

Y por ser el primer día, obsequiamos con un top ten de "Do's and Don'ts" cuernófilos:

10. NUNCA, NUNCA, NUNCA dejar pruebas escritas. Las redes sociales para los cuernos, MAL. Limita tu comunicación telemática a una sola vía y si es la del face to face, mejor. Mensajes cortos, concisos e impersonales.

9. Besar a un desconocido en una discoteca/fiesta/evento social nocturno. Mal, muy mal. Si te arriesgas a que te pillen engañando, ¡folla por lo menos!. Eso sí, si te pillan en este tipo de cuernos el elemento de nocturnidad rebaja un poco la gravedad del hecho, pues siempre puedes alegar que estabas borracha, que te habían puesto algo en la copa, o que te confundiste. Además, al haber sido sólo besos (si habéis echado un polvo fuera del contexto social y no hay testigos ni pruebas, dirás que sólo han sido besos) lo más probable es que después de unas semanas de súplicas, ruegos y lágrimas todo vuelva a la normalidad con tu pareja.

8. Follar con un desconocido en una discoteca/fiesta/evento social nocturno, menos ridículos que los anteriores, pero más arriesgados. El alegato de nocturnidad se mantiene, pero las probabilidades de perdón se reducen considerablemente. 

7. Follar con un conocido. Dicen que estamos unidos a cualquier persona del mundo por un máximo de seis grados, pues trata de que entre tu amante y tú haya, como mínimo, los mismos grados que tiene la ginebra que os toméis en las noches de desenfreno (a poder ser en un hotel de esos con entrada secreta).

6. Cuernos con un amigo de tu novio. Por muy excitante que pueda parecer, y lo mucho que te hinche el tan peligroso ego el hecho de estar acostándote con dos personas del mismo grupo es básicamente, jugar con fuego. Te arriesgas a que la bomba explote y a quedarte sin pareja y sin amante. (Ellos seguirán siendo amigos).

5.  Cuernos con un ex. Para que este tipo de cuernos prosperen y evitar el desencadenamiento de la tercera guerra mundial es ESENCIAL que tu ex esté a su vez con otra persona. Si no es así, inevitablemente tarde o temprano reclamará derechos antaño perdidos y te exigirá que decidas (que te decidas por él). Importante no perder el foco si nos encontramos en esta situación: si rompisteis fue por algo, no caigas en la ancestral trampa de volver con un ex, nunca funciona. Además, estarías cometiendo un doble error; JAMÁS dejes a tu pareja por tu amante, crónica de una muerte emocional anunciada.

4. Cuernos con un feo. Fatal. Cuernos muy feos. Si te gusta realmente un feo (sobre gustos no hay nada escrito, no estamos aquí para juzgar), entonces deja a tu pareja y empieza con Shrek. Si sientes algo de simpatía hacia tu novio no le hagas pasar por la potencial humillación de que se destape que le han engañado con un orco.

3. Si tu novio es blanco naada de negros, no es por una cuestión racista es por evitar posibles hijos ilegítimos color café. Si te quedas embarazada y a pesar de la duda piensas tenerlo espera a hablar hasta que nazca, si las leyes de Mendel no cuelan, más te vale mantener contacto con el negro porque amiga, te habrás quedado sin churri.

2. Mantén una distancia prudencial, enrollarte con otro en el portal de la casa en la que vives con tu novio, aunque a las seis de la mañana te lo parezca, no es una buena idea.

1. Follarse al novio de una amiga, no es que esté mal, es un billete directo al infierno. Y no tendrás que esperar a la muerte para vivirlo. Si se destapa, lo mínimo serán los improperios que caerán sobre tu persona porque en este caso lo que está censurado no son, evidentemente, los cuernos a tu novio sino, la deslealtad para con tu amiga.



Cerramos con el principio fundamental de cualquier infidelidad: 
Ya puede haber documentos gráficos del tipo que sean (fotografías, vídeos, mensajes, mails, conversaciones telefónicas, testimonios, niños color café...), unos cuernos NUNCA se reconocen ni se confiesan. Como diría -y de hecho dijo un amigo, cuando después de que unas amigas de su novia le vieran con otra y de que ésta le preguntase "¿La besaste?": -"No lo se, creo que no"-.


Y sobre todo, si te pillan: La cabeza bien alta, SIEMPRE.


Muchachas, ¡Suerte!